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Zurditos,
fachos y dentistas
De las especies en vía de extinción, la que me tiene más desubicado es
la denominada odontólogo, dentista, sacamuelas, cirujano dentista
(dependiendo del entomólogo que lo estudie), etc. Somos unos curiosos
insectos que no estamos ni en la izquierda, ni en la derecha (en ésta los
dirigentes solos, claro) y que alguna vez tuvimos el osado sueño de
pertenecer a una clase con vocación de ascenso social y, por qué no, de
servicio social.
La derecha más aggiornada acepta la desigualdad –jerarquías sociales,
económicas y políticas incluidas- ya existentes, sobre todo si son, al
menos en apariencia, productos del trabajo y del mérito, y no de la
herencia y del privilegio. Pero no se cuestiona dónde se origina el éxito
en el trabajo y cómo se hace para llegar a tenerlo.
La izquierda más aggiornada se preocupa por disminuir las desigualdades,
llegando a querer aniquilarlas –en “nivelación” en general hacia
abajo- de manera que en esa búsqueda procura crear igualdades, quizá no
cuestionándose cómo se hace para tener por lo menos las oportunidades.
Los nuevos burgueses, escribe Ana Wortman (Nuevos burgueses), tienen una concreta mentalidad económica basada
en el espíritu de empresa, el afán racional de ganancias, el gusto por
el orden y el ahorro, símbolo de una sociedad consumista en medio de una
cultura de masas. Son la expresión de la etapa de desorganización del
capitalismo fundado en la tercerización y en la ostentación de la
riqueza. Me pregunto, a veces, si no es ese exhibicionismo de los nuevos
burgueses el que incita al delito, al piquete y al secuestro. Se muestra
la opulencia sin ninguna inhibición moral, tal como en los tiempos
feudales y en las antiguas noblezas. Menos aún, una pizca de interés público
o una mirada siquiera al enorme porcentaje de pobreza en América,
incluida la Argentina. Las modelitos, el jet set, los countries, las 4 x 4
y los spas ocupan en su totalidad la mente de los nuevos burgueses cuando
no están acumulando riquezas.
Los nuevos dentistas, que ya no sueñan más con integrar esta élite
–salvo sus dirigentes- pertenecen a una clase obrera (aunque no quieran
reconocerlo) que ha sido
precarizada desfachatadamente, que es fácilmente desechable si no
complace al “patrón”, en clara consecuencia de la persistencia y
aumento del trabajo en negro, de la inmensa trampa que hacen los
mercaderes de la salud mientras el Estado (AFIP, ANSES) mira hacia otro
lado.
Marxismo e individualismo extremos, escribe Gianfranco Pasquino, impiden
cualquier intento de gobernabilidad democrática. Los ciudadanos hacen
oscilar el péndulo hacia la derecha y la izquierda, pero, como en la
oscilación del péndulo, la amplitud de la distancia se reduce
gradualmente en las sociedades inteligentes, menos “polarizadas”, como
parece estar sucediendo en Europa, y en América debiéramos incluirnos.
Pero ésta es otra historia.
[Y ésta es otra historia, intercalada, por no sé qué asociación de
ideas: Una corriente de dos milésimas de amperios, aplicada durante 20
minutos a zonas de la caja craneana pueden producir un incremento
significativo en la actividad cerebral, con mejoras notables, por ejemplo,
en la memoria (según Nature).]
Lo nuestro es saber dónde clasificamos a la especie dentista, bicho que
presenta todas las características del trabajador –compárese con la
hormiga obrera- y todavía sueña con los pajaritos de colores porque le
dejan usar la chaquetilla en vez del overol.
¡Obreritos dentistas de América, levantaos! Las hormiguitas son
pisadas, las reinas las someten y los dirigentes (zánganos) las
aprovechan.
Pobre hormiguita que sueña con ser mariposa, mal podremos clasificarte y
ayudarte si no levantas cabeza y aceptas tu papel de trabajadora de la
salud y exiges la sindicalización a las organizaciones profesionales, que
subsisten para bien de pocos y mal de muchos, para oprobio de los
antepasados próceres que tuvieron.
¡Ni zurditos ni fachos, Dentistas Agremiados!
Universo Odontológico
Horacio
Martínez Emilio
Bruzzo
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