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El hombre que ríe
¡Pero
sí! ¡A
reír un poco! La
vida es breve y la risa ha de ser larga. En
el editorial de octubre preguntamos “usted, ¿de qué se ríe?”.
“¡Ma sí!” ¡Ríase cuanto quiera! Ríase
nomás de los conceptos de unión y de mutuo apoyo que predicamos ¿en el
vacío?, y goce a carcajadas el individualismo salvaje, y
olvide a Camus (digresiones de octubre): Todo lo que uno trata
de hacer por el bien común termina en fracaso. ¿No es acaso una risa
que fracase el bien? Es
la risa de El hombre que ríe (Víctor
Hugo) y la risa del ahorcado. Es un modo de desencajar nuestra ATM
tranquilos con que “la risa es salud.” ¿Acaso no es posible reírse
de la propia desgracia? El condenado a zapatear el aire sí que sabía reír.
No será risible tener la soga al cuello, salvo que haga cosquillas, pero
es una manera de sobrevivir un rato.¡Y bueh…! ¡Las cosas hay que tomárselas
con humor! ¿Verdad? ¡Sí,
claro que sí! Reímos todo el tiempo de nuestras penurias o las ignoramos
frente a la pantalla chica o la grande, o en la cancha. Si los condenados
al cadalso, camino en carro a la horca, en medio de carcajadas, podían
decir “Mi madre siempre me anunció que yo iba a terminar así,” ¿por
qué no podemos reír nosotros camino al asilo para pobres? ¿O
ya estamos? Juajuajuá… ¡Ni nos damos cuenta! ¿Dónde
quedó la posibilidad de ascenso social (honesto) de la clase media?
Recuerdo un irrisorio dibujo que mostraba una Villa y a algunos de sus
habitantes que portaban una gran pancarta donde se leía: ¡Bienvenida
clase media! Es
para morirse de risa, ¿no? En fin, el humor negro, el gallows
humour, alivia al burro para que insista tras la zanahoria y arrastre
su carga hasta el día de caer finalmente rendido. Y
está “bárbaro” ese humor. Freud (Humor,1927)
dijo que el galgenhumor “ no
es resignado, es rebelde,
significa no sólo el triunfo del ego, sino también del principio del
placer, que es capaz de afirmarse a
sí mismo contra la desconsideración de las circunstancias reales.”
Como cuando desde U.
O. castigo riendo las circunstancias reales: el egoísmo vigente y
el de los mercaderes de la salud y el de sus esclavos. Todos tenemos sobre
nuestras cabezas una sentencia de muerte. ¿Por qué no tomarla con humor?
Hagamos
el humor, no la guerra. Si
la muerte es un trago amargo, ¿por qué no burlarse de ella y reír
mientras se tiene vida en medio de esta guerra de todos contra todos? Sea
el hombre que ríe, querido lector, pas
mon semblable, ría con la risa del condenado a la horca. O,
mon semblable, amigo mío,
disfrute el humor negro y aplíquelo como un blanqueamiento con peróxido
a las negras almas de los mercaderes de la salud y a sus esclavos, a los
dirigentes de instituciones y sus obsecuentes, a los ricos desalmados y a
los villeros resentidos, y, quizá, quién le dice, podría ser, nunca se
sabe, hasta podría ocurrir que entre risas y risas se den cuenta de que
el hombre es un animal social, que no es auténtico cuando dirige su
conciencia hacia adentro y no hacia los demás, de que el individualismo
es insatisfactorio, de que la mala fe se castiga a sí misma y de que en
la unión está la fuerza. Y
entre risas y más risas tomen conciencia de que el hombre un día cae
definitivamente rendido, igual que el burro. Para el ateo pasa a ser un
fue, una cosa inmodificable, sin remedio. Para el creyente, se abren dos
posibilidades: que Dios lo reciba entre risas y lo acoja eternamente, o
que Satanás lo reciba entre risas y le diga: “Hermano, te tengo
reservado un lugarcito en el quinto nivel, en la sala de los codiciosos
egoístas, donde podrás yacer boca abajo, mirándote sólo tu ombligo.” ¡Ría,
mercader, ría, colega, rían, que al freír será el reír! (Y.
juajuajuá, díganme si este editorial
no resultó de un humor más negro que las “almas” de los mercaderes
de la salud. Criticándo
a estos seres despreciables, MichaelMoore, en Sicko,
según el crítico del san Francisco
Chronicle, afirma que este filme, que comentamos en GREMIALES, hace
que su gallows humor torne a tema tan descorazonante en un tópico
soportable.)
Dr. Horacio Martínez P.
D. Para oscurecer un tono su humor, blanco o verde, vea el apéndice,
querido lector. APENDICE Ríos
de humor que podría ser llamado “negro” inundan todas las artes en
una evasión de la realidad, una diversión (verterse en otro sentido –
mejor) alcanzada pese a una verdad cotidiana incontrastable. Vayan
unos pocos ejemplos, de chaquespeare para acá. Pero antes una breve
aclaración. El hombre
que ríe, el que no puede parar de reír, tiene grabada en los labios una
risa permanente que es maligna obra de los “robachicos” que lo
secuestraron de pequeño (cirugía plástica, sin botox), para venderlo
como fenómeno de feria. Así es la risa de muchos: por mi parte, no puedo
recordar esa magistral creación de Víctor Hugo sin acongojarme (ver digresiones de este mes). William
Shakespeare, en Romeo y Julieta ( 3:1), escribe que cuando Mercutio
es herido, Romeo procura alentarlo: -
Valor,
hermano, la herida no será tan grave. -
No,
no es tan profunda como un pozo, ni tan amplia como el portal de una
iglesia; pero es suficiente: cuando mañana pregunten por mí me hallarán
un hombre grave [grave, en inglés,
es tanto “grave” como “tumba”.) Hamlet
está repleto de humor negro, desde decir que hay un banquete de
gusanos y aclarar que el muerto es banquete de los bichos a esta charla de
sepultureros: -
¿Quién
construye con más reciedumbre que el albañil, el fabricante de barcos o
el carpintero? -
El
elevador de patíbulos, pues lo que arma sobrevive a miles de ocupantes. Y
hablando de cadalsos, Sir
Thomas More al subir al que le estaba destinado dijo al verdugo: -
Le pido que me ayude a ascender los escalones sin problemas: en el
descenso me deslizaré sin problemas. Ramón
de Campoamor escribió este poemita: Sentía
envidia y pesar / una niña que veía / que su abuela se ponía / en la
garganta un collar. // -- ¡Necia! – la abuela exclamó. /¿Por qué me
envidias así?/ Este collar
irá a ti / después que me muera yo. // Mas la niña, que aún no vela /
la ficción con la codicia, / le pregunta sin malicia: / -- ¿Y morirás
pronto, abuela? En
teatro y en cine, quienes vimos Arsénico
y encaje antiguo (Joseph Kesselring) reímos mucho con las dos
viejecitas que envenenan por compasión. En Cándido
(Voltaire) reímos de las innúmeras desgracias y candidez del
protagonista, que no escarmienta, como nosotros con los mercaderes de la
salud. Evelyn (Arthur Saint John) Waugh, el delicioso humorista inglés,
se supera a sí mismo en dos desopilantes novelas: Declinación
y caída y Los seres queridos,
cementerio de mascotas incluido.
Para no hacer larga la lista cierro con el cine
y la inolvidable y jocosa burla de la guerra que fue M*A*S*H
y con la increíble burla que de un dentista, o de todos, que se
hace en La
pequeña tienda del horror,
más un par de chistes clásicos. Humor
negro y directo: Maestra:
Jaimito, ¿por qué faltaste ayer? Jaimito:
Porque mi abuelo se quemó. M:
espero que no haya sido demasiado. J:
Sí, seño, lo hacen muy bien en el crematorio. Le
preguntaron a un viejo actor, en la duda de si era
él o no: -
¿Usted es Fulano? -
No. Soy lo que queda de él. N
de la R. La foto que ilustra el editorial es de un filme del cine
mudo.
Dr. Horacio Martínez
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