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Necesidad,
madre de la inventiva
o Para
obtener el título de odontólogo no es necesario saber escribir bien, ni
manejar la psicología, ni ser bien educado, ni ser culto, ni… Podría
seguir enumerando todo lo que no hace falta. Aunque ¿para qué? Total…
Basta en la mayoría de las universidades de nuestra América latina con
haber rendido con promedio de cuatro (4) todas las materias (que no
incluyen nada de eso) de la carrera odontológica y ya se es dentista.
Dentista, sí, aun cuando haya quien se empeña en que le digan odontólogo.
O hasta doctor, sin serlo, como pasa con médicos y abogados, que hay
tantos sin doctorar. Lo que
está escrito en el papelito colgado en la pared es odontólogo o doctor
en odontología, según el caso, y en ninguna parte dice que sea
universitario. Y es lógico, porque para ser universitario se requiere una
cultura universal, como que en Alemania, y no sé si en otros países,
existe el título de doctor de la universidad, además de médico,
ingeniero o lo que sea. Se
puede vivir muy bien, me dirá alguien, sin haber leído un libro, sin
haber visitado museos, sin haber escuchado conciertos, y estaré de
acuerdo. Sólo que, a mi entender, no se puede pretender el título de
universitario. Que en sí no es importante, pues los hay asesinos,
drogadictos, alcohólicos, y otras yerbas o yuyos. Tampoco
es importante saber escribir. En los cursos dictados
en otros tiempos de cómo escribir artículos científicos, solía
señalar a los alumnos, dentistas y médicos, que no es preciso escribir
bien, es decir, sin errores gramaticales ni sintácticos; pero es absoluta
y totalmente inevitable ser claro. Pueden
Faulkner, Andrés Rivera, Carlos Fuentes o James Joyce no ser claros, que
sus escritos merecen el tiempo necesario para la relectura y para
descifrar lo oscuro. No puede un dentista, ni un profesor de odontología,
expresarse sin claridad, porque nadie va a volver atrás para entender sus
sabias palabras. Los errores que cometa no tienen importancia cuando las
revistas científicas cuidan el detalle y procuran devolver claridad a los
escritos mediante la tarea del Director o de un corrector de pruebas o de
un secretario de redacción con alguna cultura. “Martínez,
¿a qué viene a cuento toda esta cháchara?” Viene
de la lectura del último número, el de mayo, de una revista odontológica
(RAOA) donde vi la luminosidad del editorial y la oscuridad expresiva de
los autores de trabajos científicos. Por fin
se acordaron de decir algo que valiera la pena, un editorial sobre temas
de interés para los socios (verlo en GREMIALES) y para todos los
profesionales del arte de curar. Bien escrito – y no cuentan algunos
errores – e inteligente, digno de figurar en cualquier revista. Lástima
que no esté firmado. Hay varios cientos de revistas dentales en el mundo
y todas incluyen editoriales que, naturalmente, escribe el director (¿quién
iba a ser?) Y los firma. Sólo las pequeñas mentes directivas de alguna
institución no quieren que el director o el capo de la Comisión de
Comunicaciones o Don Magoya firme lo que escribe, porque, dicen esos
jibarizados de nacimiento, que la palabra de la HCD debe ser anónima.
Falso. Peor que falso: egoísta y envidioso. Porque el director no puede
expresar nada en la revista que no haya sido aprobado o aun sugerido por
la HCD. Cuando algún directivo desea ocupar ese espacio, firma. ¿Y el
director no? Otro recurso es que la firma diga Comisión Directiva o
Comisión de Publicaciones o la que sea. ¿Pero editoriales anónimos?
Cada uno debe ser responsable de lo que escribe, de lo bueno, de lo malo y
de lo tan frecuente trivial. Por
otra parte, los artículos científicos no debieran dejar al descubierto
lo que simplemente ha sido traducido del inglés, que se mezcla con lo
expresado en castellano anglofonizado (¿o afrancesado?); porque cuando no
se copia literalmente se copia mentalmente: está en castellano (es un
decir) y suena a inglés (¿traducido, copiado, inspirado?), pero esto
sale de un Editorial y pasa a la sección MISCELÁNEAS. A los
gordos institucionales es al ñudo que los fajen, seguirán gordos y
contentos y cuadrados y elemmantiásicos. No saben lo que son las
necesidades de los socios y rara vez se acuerdan de ellos y, entonces,
cumplen quién sabe hasta cuándo. Y si no hay necesidad, ¿cómo van a
tener siquiera una pizca de inventiva? Mensaje
del mensaje Leímos
un mensaje que U. O. estima que debe acompañar el artículo editorial que
el lector encontrará en GREMIALES, porque el mensaje de ese mensaje es
que no hay mensaje que valga cuando no va acompañado por el criterio ético
correspondiente. ¿Y usted qué opina de este mensaje? [Cinco veces escribieron “mensaje,” ¿no sabrán enviar mensajes sin tanto mensaje estos mensajeros de U.O.] MENSAJE
DE LA PRESIDENTA de la FDI La
confianza entre el paciente y su médico es de
fundamental importancia para el éxito de cualquier intervención
en materia de salud y una conducta y principios éticos ayudan a fomentar
y a aumentar ese sentimiento de confianza. Cuando
hablamos del impacto que pueden tener los profesionales de salud en la
sociedad y el papel que desempeña la ética, debemos entonces considerar
sus diferentes aspectos .En primer lugar, los principios y normas de ética:
que deben reflejar las necesidades de la sociedad, abarcar todos los
aspectos de las prácticas de la atención médica y sanitaria y ser
relevantes, aceptados y transparentes. Si
deseamos tener una influencia positiva en la sociedad, debemos entonces,
respetar estos dos aspectos. Una firme conducta ética por parte del
profesional de salud para con sus pacientes, sus colegas y la sociedad es
la clave para que el profesional de salud influya de manera muy positiva
en la sociedad en general. La puesta en práctica a diario de principios
éticos puede representar a veces un gran desafío para nosotros ya que en
nuestra vida profesional estamos expuestos a muchas situaciones muy difíciles,
que incluso pueden crear verdaderos conflictos de intereses. La orientación
o guía que ofrecen las organizaciones profesionales en este sentido es
extremadamente importante. La
aplicación de principios éticos es un proceso complicado ya que el odontólogo
tiene que considerar todos los argumentos además de los derechos y la
dignidad del paciente. A veces es muy útil y ayuda mucho consultar a
otros colegas y a los pacientes con el fin de hallar la mejor solución
posible en una situación difícil, aunque la decisión definitiva siempre
debe ser tomada por el profesional de salud. La
conducta ética más estricta no siempre puede ofrecemos una solución en
todas las situaciones de nuestra vida profesional, pero sí principios
rectores que nos ayudarán a evaluar decisiones clínicas o de otro tipo,
y a hallar soluciones prácticas y fiables basadas en principios
acordados, aceptados y transparentes. La ética es una parte esencial de cada profesión sanitaria y las normas éticas forman parte de nuestra vida diaria ya que nos ayudan a hacer lo mejor por el paciente. Los profesionales de salud y la sociedad están estrechamente vinculados y esta relación está basada en principios éticos. Si deseamos incrementar nuestra influencia en la sociedad y asegurar el éxito de nuestros tratamientos, debemos continuar respetando y centrados en la ética. La ética es lo que protege nuestra dignidad profesional. Dra.
Michele Aerden Presidenta
de la FDI
Dr. Horacio Martínez
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