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El buen negocio de la salud
Argentinos, brasileños,
chilenos, ecuatorianos y otros latinoamericanos fueron las palomas
codiciadas de las aves de presa de la salud norteamericanas cuando en su
país se les achicaron las ganancias
por saturación del mercado. Así se lee en un trabajo del New
England Journal of Medicine (Karen Stocker, Howard Waitzkin y Celia
Iriart), y sigue explicando cómo nuestros mercados satisficieron el
objetivo de mejorar sustancialmente los beneficios menguados: “los
ejecutivos recomendaron la exportación de atención gerenciada resaltando
sus recompensas financieras, pero sin mencionar la medicina preventiva o
controles de calidad de sus servicios, a diferencia de la histórica
valoración de estos aspectos dentro de USA. El apoyo a la educación y a
la investigación no aparecen en ningún caso como meta de esas firmas en
América Latina.”
El New York
Times (nada izquierdista, ¿no?) también señaló el interés de los
mercaderes norteamericanos desde México hacia el sur, donde se gastan
120.000 millones en atención médica. Aetna International -después
comprada por AMSA, y en vías de adquisición por otro “negociante”- y
Cigna International parieron planes de salud para 3,3 millones de usuarios
en 7 países, la primera, y 1,5 millones en cinco países, la segunda. El
EXXEL GROUP, poseedor de negocios múltiples y varias prepagas en la
Argentina, fue muy claro: “Es un mercado muy lucrativo. La oportunidad
auténtica para inversores privados está en desarrollar el mercado de las
prepagas superando el de las obras sociales.”
Como para los
mercaderes de la salud esto es simplemente un negocio,
con el lucro como nuevo dios, aparece -dice William Hsiao (Harvard
USPHS)- otro lado negativo del tema, que sus planes de salud en nuestros
países seleccionan los menores riesgos, es decir, prefieren las personas
jóvenes y sanas que no generan tratamientos costosos. “Las ganancias de
las empresas de salud están creciendo mucho más rápidamente en América
Latina que en USA, donde la salud es un sector maduro, con crecimiento
lento y baja rentabilidad. El American International Group afirma que sus
ganancias en la región hoy crecen a razón de un 20% [!] anual
promedio.” Agréguese la tendencia a concentrar la oferta prestacional
en redes y financiadores enormes, multinacionales o no. Condiméntese con
una feroz competencia entre ellos para ofrecer un más (supuesto) por
menos (ilusorio), y, naturalmente, el plato final ni lo ve el eslabón más
delgado, el “prestador”, el profesional que no sabrá decir “no”
aun cuando le pidan la entrega más íntima.
A diferencia de lo
que sucedió en el Norte, los
países latinoamericanos prometen
una cornucopia rica en capitales, pues los sistemas de seguridad social
para los trabajadores, vuelcan
en ella cuantiosos fondos, tentadores de corruptos y pasto para
ineficientes. El manejo de esos fondos alimenta una disputa ininterrumpida
entre el gobierno y las organizaciones de trabajadores, con las O. S. como
prenda de trueques en los acuerdos entre gobernante de turno y dirigentes
sindicales. A nadie le interesa el principal objetivo, la salud de la
gente. Mientras tanto, la población y los profesionales no tienen fuerza
para hacerse oír. Éstos ni siquiera se sindicalizan para poder presionar
unidos. “Hoy, muchas de ellas [O.S.] son expresión de cacicazgos
prebendarios que negocian su población cautiva con gerenciadoras e
intermediarios, en el marco de negocios personales [retornos, coimas,
mordidas]...(Julio N. Bello, marzo 2000)”
La mayor institución
de odontólogos en la Argentina editorializó que, entregada al
pensamiento científico, había subestimado las necesidades cotidianas de
socios y población. Ante la actuación (falta de) de las instituciones
profesionales (AOA, FOCIBA, etc) se justifican las palabras del doctor
Julio F. Bello (ex Jefe de Odontología de Docthos, del 12 de 1997
al 1 de2001): “...durante años
hemos negado esta realidad y continuado con nuestra práctica privada,
nuestras investigaciones sobre materiales dentales y la indiferencia ante
la falta de ética de muchos colegas. Hoy es simplista despotricar contra
quienes dictan las reglas de juego, cuando históricamente hemos dejado un
vacío de poder, permitiéndoles ocupar esos lugares.”
Por distintas
razones, no por cierto altruistas, los sindicatos argentinos y las
asociaciones médicas han resistido los intentos de privatización del
sistema de salud. La veloz penetración fue alentada y hasta forzada por
organismos multilaterales, como el Fondo Monetario Internacional, el Banco
Mundial y otras agencias crediticias de Washington, para que los países
latinoamericanos se decidieran a bajar las barreras contra las empresas
extranjeras, comenzando por Argentina y México (con gobiernos corruptos o
incapaces). Stocker et al señalaron expresamente que esos organismos
impulsan la privatización de los servicios públicos (lo lograron) y la
incorporación de las megaempresas de medicina administrada en los
mercados latinoamericanos, con la excusa del llamdo “ajuste
estructural”, que significa privatizar, cortar el gasto público y renegociar
la deuda. Las opciones que nos quedan son igualmente malas, o la
consolidación de las prebendas de los sindicalistas o la ampliación del
buen negocio de los mercaderes de la salud.*
El doctor Santiago
de Elizalde decía hace un par de años: “estas empresas, acostumbradas
a otros ramos del comercio, consideran que este ‘negocio’debe dar
ganancias a toda costa, sin tener en cuenta que su nueva ‘mercadería’
son personas que sufren y que deben ser tratadas por profesionales con
suficiente tranquilidad económica y espiritual... Sugiero a los pacientes
que averigüen cuánto y cuándo le paga su empresa al médico por una
consulta, operación u otra práctica que le vayan a realizar. Piense
entonces cuánto valoriza la empresa su enfermedad.”
Como profesionales
de la salud, nuestras faltas son muchas, y sin el debido
reconocimiento y el arrepentimiento no construiremos nada sólido.
Primera falta,
no haber promovido la atención de la boca.
Segunda,
no difundir la necesidad de adecuarse bajando mucho los honorarios, todos
(para no caer en publicidades degradantes de algunos que ni sanciona la
AOA).
Tercera,
el individualismo antiético que no vacila en detractar al colega, sin
notar que está escupiendo al cielo.
Cuarta,
no promover la prevención, sino la reparación costosa.
Quinta,
no basar la atención en la evidencia científica y en una relación
adecuada entre costo y eficacia.
Sexta,
atender con la vista en los intereses personales, no en los del paciente.
Séptima,
no haber sabido evitar el arraigo del concepto popular que enunciaba A.
Bierce: “el dentista es un prestidigitador que pone un metal en la boca
y saca otro del bolsillo.”
Octava,
hacer trampas a las empresas y justificar el círculo vicioso que lleva a
éstas a exagerar los controles.
Novena,
no haber luchado por un sistema justo para los pacientes trabajadores como
es el reembolso directo, que permite el control directo del
beneficiario en vez de auditores nada imparciales y bien dependientes.
Junto con no haber contribuido a una forma justa de atención de los
millones de marginados.
Décima,
no unirse, no participar, resignarse.
Es necesario un
gran acuerdo de los odontólogos, es preciso organizar una gran convención
de profesionales, no de instituciones, y meditar y extraer conclusiones
sobre qué es mejor para la gente y qué es mejor para el odontólogo,
sobre prioridades de salud y sobre necesidades económicas. En la
Argentina, con buena voluntad y sin dinero, a fines del 2001, en plena
crisis social y antes de la debacle, se organizó una votación popular y
participaron nada menos que dos millones de personas. ¿Pueden
CORA, FOCIBA, AOA, CAO, etc., olvidar los intereses de sus dirigentes y
organizar un cuestionario? Un cuestionario para conocer el pensamiento de
la mayoría silenciosa, la que no participa y desconfía con razón? Es
entendible que en la sociedad mundial actual se busquen el poder y el
dinero, pero esa acción -que podría ser legítima- reclama involucrar
las responsabilidades individuales, el voto no dirigido de cada uno en
libertad con su conciencia y el sentido moral que tenga. Dijo un filósofo
francés que la única responsabilidad moral es la de ser felices y hacer
felices a los demás.
Algunas
organizaciones de especialistas (Sociedad Argentina de Endodoncia, de
Ortodoncia, y otras) contribuyen con pensamientos desafiantes y sin
intereses mezquinos, con editoriales muy sustanciosos, con producción de
nomencladores científicos y en otras formas. Sus integrantes podrían
contribuir a la formación de grupos de trabajo para encarar los diversos
problemas de salud de la gente y laborales de los odontólogos. A ver
quién da el puntapié inicial para abortar el negocio de la salud
y dar a luz a la salud como el mejor de los negocios para todos los
ciudadanos.
La suma de
individualidades inicialmente, la unión gremial posteriormente, el
despertar de los jóvenes, el denudamiento del egoísmo de los veteranos,
todo unido, sin dilaciones de los que ponen palos en las ruedas para que
no se avance (pero sin negarse abiertamente), nada más, nada menos, es lo
que se requiere.
*A los argentinos, porque no tuvimos
quien nos defendiera, o quisiera defendernos, los males se nos han
multiplicado con una tremenda crisis general y con el resto de la población
los estamos padeciendo los dentistas, pueblo también, trabajadores
también.
Dr. Horacio
Martínez
Dr. Emilio Bruzzo
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