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Editorial invitado
La cuestión de extraer o conservar
Unos de los mayores desafíos para establecer un plan de tratamiento
apropiado es identificar los dientes clave que pueden ser conservados y
los que debieran ser extraídos. Dos son las consideraciones principales
que tornan difíciles esas decisiones. La primera, el pedido del paciente
de conservar su dentición natural. Si bien los deseos del paciente deben
tener siempre un papel principal en la toma de decisiones, en algunas
situaciones adaptarse comprometerá el resultado del tratamiento.
La segunda consideración que dificulta decidir es la condición y el
lugar en que se encuentran los dientes naturales en cuestión. Aunque el
gran promotor de la implantodontología, también ha de pensar –
contrariamente a la opinión común – que los dientes naturales aún son
merecedores de importantes inversiones en su conservación. Un tratamiento
endodóncico, perno y muñón y corona entera representan una inversión
importante, pero en muchas situaciones son procedimientos probados con
buen pronóstico a largo plazo.
La remoción de un diente natural se torna una opción viable cuando la
dentición remanente ya no proporciona el medio apropiado para facilitar
un tratamiento sensato y eficaz. Primer ejemplo: Dos caninos inferiores en
buen estado periodontal deben ser conservados para confeccionar una
sobredentadura que preserve el reborde y provea mejor retención. Por otra
parte, exploremos la situación de dos primeros premolares superiores únicos
remanentes. Cualquiera que sea su estado periodontal, poco se logrará con
la conservación de esos dos dientes para confeccionar una sobredentadura.
La mayoría de las prótesis superiores proveen una retención adecuada y
la ubicación de esos pilares no es crítica para la preservación de los
rebordes. Si el paciente insistiera en retener esos pilares, si su condición
periodontal lo permitiera y si el costo no fuera un problema, entonces
podrá pensarse en una sobredentadura; si no, la prótesis completa es el
plan de tratamiento apropiado.
Situación
siguiente: un canino inferior con un 50% de pérdida ósea. Con éste solo
como remanente, no tiene sentido conservarlo y poner un solo implante. Si
con el mismo soporte comprometido hubiera los dos caninos, el plan de
tratamiento podría ser más discutible, pero aun así recomendaría la
sobredentadura sobre implantes. Será un diente estratégico, pero así
comprometido puede poner en peligro el éxito a largo plazo. La extracción
del canino y la colocación de un implante en cada posición canina tendría
más sentido. [...]
Uno ha de considerar también el hecho de que los arcos
superior e inferior no son entidades independientes, sino parte de un
complejo funcional. Una situación clínica común es la del paciente que
perdió todos los dientes inferiores y le quedan unos pocos superiores,
que requieren un extenso tratamiento. Sería un absoluto error invertir
tiempo y dinero en reforzar el arco maxilar al tiempo que se hace una
completa inferior. Esta situación sirve de poco al paciente; conservar
esos dientes naturales no sirve de nada. Si la situación financiera no
estuviera limitada, se podrán poner implantes en la mandíbula y entonces
conservar y restaurar los superiores. En caso contrario, la inversión
debe aplicarse a restaurar la función inferior con implantes en vez de
conservar la dentición superior.
Los deseos del paciente están siempre primeros,
cierto, pero cuando la conservación de dientes aislados reduzca la
predictibilidad del tratamiento y aumente su costo y complejidad, hay que
informárselo al paciente y presentarle un plan que se ocupe de ambos
maxilares y, por tanto, del paciente en su totalidad.
Por
Avishai Sadan
(Quintessence
International jun, vol 36, # 6)
Dr. Horacio
Martínez
Dr. Emilio Bruzzo
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