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¿Qué nos
está pasando?
¿Qué
nos está pasando a los dentistas argentinos? ¿Qué nos está pasando
con la salud bucal a quienes no somos dentistas? El deber de los
responsables es contestar a esta pregunta que está en el aire, aunque
quizá con distinto sentido según quien la enuncie. También
importa la actitud de vida que se adopte ante la misma situación.
Se elige inevitablemente qué se va a hacer, aun cuando parezca
que no depende de nosotros.
Para
encontrar la respuesta, también tenemos que considerar el punto de
vista. No merece repetir, por demasiado conocida, la historia
del elefante definido por ciegos que le palpaban distintas
partes (patas, trompa, colmillos, orejas). Un aspecto del vasto
panorama señalaría que la salud bucal se está viniendo abajo
porque la iatrogenia destruye la dentadura con el transcurso del tiempo.
(Aunque la medicina no esté mucho mejor.)
Otra
visión sería la de quien culpa a los mercaderes de la salud y la
mala praxis a la que inducen por viles intereses. Un lego dirá que
los dentistas son todos unos comerciantes que no se preocupan por su
salud, sino por cómo sacarle unos pesos. Escuché a un dirigente lamentarse
de que no estamos mejor porque no hay más socios y los que están no
quieren pagar mejores cuotas. Un socio que lo oyó miró lo mismo desde
otro ángulo y dijo que en vez de construirse el Taj Mahal
debieran gastar el aporte societario en educar al soberano.
Hay
más, pero esto alcanza para que nadie (ni el editorialista) se crea
que tiene toda la verdad en su mente.
Si dejamos de lado la posibilidad de que un extraterrestre
sea el responsable de lo que nos está pasando, no nos queda otra
salida que volver los ojos a nosotros mismos y ver qué
hizo cada uno para merecerlo, sí, merecerlo.
Nos está pasando
que todos ponemos la culpa afuera, no en nosotros mismos. Si el
dirigente de la asociación dental es malo, ¿quién lo eligió?
¿Quién no quiso ni molestarse en participar en una renovación? Si
el socio no aporta, si el
colega no se asocia, ¿quién administra los bienes para su propio
ego en vez de cumplir con los estatutos y con la sociedad? ¿Quién
desde su cómodo bienestar se desinteresa de las vicisitudes de los
odontólogos esclavizados, no educa para la prevención, no promueve
la fluoración, no encabeza la
rebelión gremial? Del mercader de la salud ni vale la pena hablar,
que desde el escritorio de su clínica, obra social o prepaga no se culpa
de nada y lo explica todo por la globalización y por la OMS. Si a un
dentista lo tachan de comerciante, ¿no será porque lo está siendo
o porque está desmereciendo el trabajo de un colega o cuidando demasiado
sus costos o procurando vender un implante en vez de tratar una
periodontitis crónica?
Hay más, pero
dejémoslo ahí. Si no captó cada uno su papel, poniéndose en el lugar
del otro – como debiéramos hacer siempre: ponerse en el lugar del
otro – no vale la pena señalárselo, sería como orientar a un no
vidente apuntando con el dedo. Quizá la respuesta a qué nos
está pasando está tan alcance de la mano que está dentro de cada uno,
en la conciencia que se quiere acallar, diente secreto que roe y
corroe el alma... a quien la tiene o tuvo.
Quien alguna vez peleó, aunque haya sido derrotado, quien publicó
la necesidad de fluorar, aunque no se haya hecho, quien desafió al
mercader de la salud, aunque haya perdido, quien prefirió ajustarse el
cinturón antes que ser esclavo, quien se esforzó por educar para la
salud, aunque no lo escucharan, quien no cuidó sólo sus pesitos y
su administración sino la salud del paciente, aunque desoyeran sus
buenos consejos, ése que enfrentó la situación como pudo y supo,
ése no es parte responsable de lo que nos está pasando.
Porque lo que nos
está pasando es todo y más aún.
Porque la solución
está en cada uno junto con los demás.
Dr. Horacio
Martínez
Dr. Emilio Bruzzo
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