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Dignidad La Asamblea General de las Naciones Unidas, en su tercer período de sesiones, aprobó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, fundada en el reconocimiento expreso de la dignidad intrínseca que los seres humanos adquieren al nacer y sin los cuales no pueden vivir con la dignidad que se identifica con su naturaleza, independientemente de la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependan. Se remonta a la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, aprobada por la Asamblea Nacional de Francia, en 1789, donde se habla de “los derechos naturales, inalienables y sagrados del hombre”. Esto
no es algo que nos pueda obsequiar el legislador, hay que ganárselo. “Si
el hombre no está dispuesto a arriesgar su vida, ¿dónde está su
dignidad?” (André Malraux). La dignidad humana sólo se puede poseer en
libertad, lo que es absolutamente esencial. Los esclavos de los mercaderes
de la salud, aun contentos con las migajas que reciben, no poseen dignidad
ni les puede ser conferida. Es difícil de alcanzar dignidad en nuestra
profesión si no podemos ejercer en libertad. El economista Milton
Friedman
tenía bien presente que el núcleo de la filosofía liberal está en la
convicción de la dignidad del individuo, en la libertad para alcanzar lo
máximo según sus aptitudes y oportunidades. ¿Piensa el legislador
liberarnos o sólo rogar por un aumentito en los aranceles? Consideraba
David Ben Gurion que el trabajo tiene que ser libre, creativo, como que es
lo más dignificado en la vida del ser humano. Negarlo es ofender nuestra
esencia. Algunas expresiones del pensamiento católico lo subrayan igual
que el líder judío, comenzando por Juan Pablo II, quien afirmó de las
multinacionales que nos oprimen: “La organización globalizada del
trabajo, que se aprovecha de la extremada necesidad de los pueblos en
desarrollo, suele aparejar situaciones graves que hacen burla de las
exigencias más elementales de la dignidad humana.” ¿Piensa el
legislador liberarnos o sólo rogar por un aumentito en los aranceles? Sobre
el derecho al trabajo insisten los pensadores católicos, y agregan que
las condiciones laborales subhumanas son insultos a la dignidad. “Son
por cierto infamias” las que tratan a “los hombres como meras
herramientas para un beneficio, antes que como personas libres y
responsables [...]“Todos los seres
humanos son fines en sí que han de ser servidos por las
instituciones que hacen la economía, no medios para ser explotados para
objetivos mucho más estrechos.” “Perdemos dignidad si toleramos lo
intolerable” (Dominique de Menil). Señor
Legislador: “consisten la libertad, la moral y la dignidad del individuo
en que éste haga el bien no porque es forzado, sino porque libremente lo
concibe, lo desea y lo ama”(Bakunin). Devuélvanos la libertad de
trabajo, libérenos de los mercaderes que usufructúan nuestros
conocimientos y nuestras fuerzas y ése habrá sido el gran paso hacia la
dignidad humana de los odontólogos y de sus ¡objetos de prestaciones!,
los pacientes.
Dr. Horacio Martínez |