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Congreso
Odontológico Latinoamericano
El
Segundo Congreso Odontológico Latinoamericano se celebró en la ciudad de
Buenos Aires en octubre de 1925. Por haberse constituido en Chile la
Federación Odontológica Latinoamericana el 3 de octubre, por moción del
delegado argentino se resolvió designar de allí en más esa fecha como
el Día de la Odontología.
Quizá
debiera haber sido llamado el Día del Odontólogo, porque celebra
un hecho histórico que nos atañe exclusivamente a nosotros, los
dentistas de América Latina. Aun cuando haya países hermanos que optaron
por otras fechas. En un discurso conmemorativo, siete años después, el
orador se preguntaba (El Odontólogo,
octubre 1933): “¿Nos encontramos verdaderamente separados o
contribuimos a ello nosotros mismos?” Y señalaba la existencia de dos
espíritus de lucha opuestos y confiaba en el intercambio directo en esa
ocasión para llegar a un “voluntario armisticio cordial”.
Setenta años han pasado y los dirigentes siguen en luchas intestinas (provocan
diarreas), mientras los dentistas estamos buscando la manera de
estrecharnos las manos por sobre las fronteras y a pesar de los dirigentes
(que se van a las manos). Hay voluntad de unión. Lo lograremos. Hay
chispazos de luz, pese a los dirigentes en disputa.
El
aspecto más positivo para el público es que en la misma oportunidad se
dispusiera la creación de la Liga
de Higiene
y Profilaxis Bucal de la América Latina, una especie de Asociación
para la Salud Bucal avant la lettre.
Ninguna organización profesional se ocupó de materializar la idea en su
país, hasta que el 2 de octubre de 1933 la Federación Odontológica
Argentina lo hizo, con comisiones diversas incluida una por cada
provincia. Por medio de su comisión de propaganda solicitó al entonces
presidente de la Nación que fuera presidente honorario y patrocinante de
la Liga.
Desde
entonces, los argentinos están esperando que se haga una auténtica
educación para la salud bucal en el nivel nacional y que las
instituciones de la especialidad modifiquen la deteriorada imagen del
odontólogo. De esa degradación en el imaginario popular, la primera
perjudicada es la salud y la segunda es la profesión misma. ¡Hasta dónde
habremos caído que hoy es corriente que los pacientes pregunten por los
precios más que por la salud!
Quizá
hubiera sido más propicio elegir el 9 de febrero, día de la Santa
Apolonia, por ver si bajo su patrocinio los odontólogos se interesaban más
por la salud. O los miembros de la iglesia ortodoxa podrían preferir el
11 de abril, fecha en que celebran a San Antipas mártir, sanador
milagroso de sufrimientos bucales. U
otras el 8 de marzo, por ser el Día de la Mujer. A Universo Odontológico le vendría bien cualquier día y
cualquier santo o gurú si, en efecto, oficiara el milagro de salvar la
salud bucal de los americanos pese a los mercaderes de la salud que están
logrando con mayor éxito su destrucción.
Pido
perdón…
Realmente…
no, no me sirve que pidan perdón. En los últimos tiempos, hemos asistido
a muchos pedidos de perdón. Por ejemplo, los grandes pilares de la prensa
y de la democracia llamados The N Y Times y el Washington Post,
entre otros, se disculparon por haber ocultado información a sus lectores
sobre la guerra de Irak. Dicen que lo hicieron por no ofender los
sentimientos patrióticos de sus lectores. Claro, y para no quedarse con
una menor venta de diarios...
También
pidió perdón la Iglesia por el Holocausto, ¿o fue por la Inquisición?
Por lo que sea, pidió perdón. No he visto a un solo judío levantarse de
su tumba por ese pedido, ni a ningún cristiano injustamente
“ajusticiado”. Claro, es peor que ni siquiera se rueguen disculpas por
las molestias ocasionadas a los japoneses con la bombita arrojada por el Enola
Gay, que acaba de incorporarse al Museo del Aire de Washington. En
verdad, nadie resucita por un pedido de perdón, ni siquiera por vengar
una o miles o millones de muertes. La muerte de Hitler no resucitó a
nadie. La venganza es una mera tranquilidad para un rincón del
inconsciente personal y colectivo. Pero, en fin, hay gente a la que le
gusta que le pidan perdón, así sea.
Por
mi parte, sólo entiendo el pedido de quien me pisó un callo sin querer,
o me derramó un café encima por estúpido. De ningún modo, justifico a
quien con plena conciencia mató y mutiló o cercenó la inefable libertad
de expresión.
Horacio Martínez
Emilio Bruzzo
Pay
per view …
Si usted paga, usted aprende; si no, a
reclamarle a Satanás, pues el negocio editorial en ciencias médicas no
tolera que usted consulte gratis un artículo científico cuyo resumen le
pareció promisorio. Si paga entre 10 y 20 dólares por trabajo, entonces
le permiten acceder al texto completo. Pague por ver es la norma, como
para la TV, pero el ser humano puede probablemente privarse de la caja
boba, no así de los progresos de la ciencia sin padecer perjuicios
Esto sucede desde que buena parte de las
principales revistas científicas pasaron a ser editadas comercialmente
por empresas. Las organizaciones odontológicas del mundo entero coinciden
en sus declaraciones de principios, por lo menos así lo declaran. Entre
éstos seguramente está el interés por el adelanto de sus asociados y
por la salud bucal de sus respectivos conciudadanos. ¿Cómo pueden
entonces abjurar de los preceptos que atañen a su
esencia? Si permiten que los progresos que publican queden
sepultados bajo el interés comercial o si sus propios miembros no pueden
consultar lo último de la ciencia en el resto del mundo, ¿queda también
la odontología en manos exclusivas de los pudientes, del círculo
privilegiado?
Los habituales defensores de los privilegios
podrán decir que lugares como PubMed y otros ofrecen resúmenes de las
mayores revistas científicas, y será cierto. Pero esos resúmenes son,
muchas veces, resúmenes vacíos, absolutamente inútiles, que no informan
nada y que es imprescindible ver el trabajo original. Resumen vacío es el
que informa sobre el contenido del texto, pero no da absolutamente ningún
dato: “se presenta una técnica…”, “se describe un
procedimiento…”. Suficiente para que nos quedemos todos con las ganas
de saber de qué se trata.
Es oportunísimo que el idioma inglés sea la
lengua usada para los resúmenes, por ser universal, apenas seguida por el
castellano. Si se tuvo el tino de usar un idioma de conocimiento general
en las ciencias, para que no se desperdiciara el saber, ¿por qué se lo
invalida con los pagos exorbitantes o con los resúmenes inútiles? Pago
desmesurado es el que exige una cifra que unitariamente podría llegar a
considerase razonable. Pero el odontólogo, clínico o investigador, que
desee estar realmente actualizado necesita no menos, sí más, de un
trabajo diario, lo cual lleva a 300 a 600 dólares mensuales, que no están
al alcance de cualquiera. La suscripción a las revistas tampoco es válida,
pues un puñado insuficiente significa un gasto aun mayor.
En fin, que la ciencia está al alcance de los
ricos (los afluentes, en inglés), y privados los demás de la afluencia
de conceptos.*
Horacio
Martínez
Emilio Bruzzo
* Universo Odontológico
y otras revistas procuran compensar con cantidades de resúmenes, pero no
alcanza. Y también a nosotros nos resulta demasiado oneroso pagar esas
cifras elevadas cuando no logramos fotocopias.
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