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Ciencia contradictoria…
“Los
hallazgos contradictorios y potencialmente exagerados son muy comunes en
la investigación clínica”, escribió el griego John Ioannidis,*
en el Journal of the American Medical Association (JAMA. 2005 jul
13;294(2):218 ) Cuando los resultados de las investigaciones clínicas
sobre la eficacia de los tratamientos son contradichos posteriormente se
generan controversia e incertidumbre; sobre todo, cuando se trata de temas de alto
impacto. Para peor, llegan a clínicos que, quizá, no saben leer.
En quienes las conocimos, surge la imagen de dos
maestras argentinas, María Inés Egozcue y Margarita Muruzábal, quienes
pretendían que aprendiéramos a leer ciencia hace algunas décadas. Este
trabajo del docente de la Universidad de Joannina señala que todavía no
aprendimos. Lo cual no significa que no podamos hacerlo. La odontología
basada sobre la evidencia constituye un viejo concepto vestido con el
ropaje de un nombre nuevo. Aprender a leer significaba ayer como hoy
observar los detalles de los llamados trabajos de investigación para
entrever cuál podía ser el valor real. Aún hoy encontramos artículos
que extraen “porcentajes” sobre 20 o 30 casos y estudios “serios”
de un producto industrial escritos por empleados de esa empresa. La
cantidad de casos, el diseño de la investigación (por ejemplo, si comparó
situaciones contralaterales), la seriedad y actualidad de la bibliografía,
etc, constituyen algunos detalles por observar para decidir si se adopta
un procedimiento propuesto. Un solo estudio no hace verano.
Además,
aun cuando las controversias son más frecuentes con los estudios no
aleatorios y muy citados, también los más citados y aleatorios pueden
ser refutados con el tiempo. El progreso de la medicina es a veces muy rápido
o existe interés por vender una droga sin esperar que la avale el tiempo.
En fin, no olvidemos que en las ciencias, sobre todo las médicas, la
verdad de hoy es la falsedad de mañana. Y tampoco olvidemos la frase de
Alexander Pope, que no hay que ser los primeros en adoptar lo nuevo ni los
últimos en dejar lo viejo.
Dr Horacio Martínez
*N de la R: Ioannidis
revisó las investigaciones clínicas originales de tres revistas
importantes entre 1990 y 2003, citados más de 1000 veces en la
literatura. Los resultados de esos artículos tan citados fueron
comparados con estudios posteriores de muestras más amplias o similares
de mejor diseño. De los 49 estudios tan citados, 45 afirmaron que la
intervención propuesta era eficaz. Estudios posteriores (7) los
contradijeron (16%); otros (7) hallaron que los efectos eran inferiores a
los manifestados (16%), lo que suma casi un tercio; algunos (20) fueron
refutados (44%) y sólo 11 no fueron discutidos (24%). De 6 estudios no
aleatorios, cinco fueron contradichos en su eficacia o potencia; mientras
que esto sucedió en apenas 9 de 39 de los controlados. Los estudios
controlados comparables no tienen una porción significativamente
diferente de resultados refutados que los muy citados, pero incluyeron más
estudios con resultados “negativos”.
Otra: Para
reír con ganas de las miserias de la ciencia forzada, lean Demoliendo
papers, una recopilación desopilante de Diego Golombek, de la
que daremos algún ejemplo en el próximo número.
Dr. Horacio
Martínez
Dr. Emilio Bruzzo
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