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Los
brasileños investigan
Cuando reviso revistas y más revistas de
odontología, cuando veo la labor dedicada puesta en los trabajos de
investigación, aprecio cuál puede ser el valor del espíritu humano,
tanto fruto divino, como producto noble de elementales moléculas. Admiro
entre tanto material el enorme aporte que hacen los investigadores brasileños,
la increíble cantidad de trabajos que publican diseminados por todo el
universo odontológico y me pregunto qué les está pasando a los
argentinos que ya no trascienden las fronteras como lo hicieron en otros
tiempos. ¿Será que apenas nos queda tiempo para sobrevivir, o para
engordar los bolsillos algunos, o que ya no quedan ideales ni fines
superiores? Avanzada
la primavera, traigo a cuento lo que dijo, en 1838, un joven radical
llamado Ralph Waldo Emerson al dirigirse a sus oyentes de la Harvard
Divinity School (escuela no religiosa de teología): "En esta
refulgente estación, ha sido un placer captar el aliento de la vida. El césped
crece, los pimpollos estallan, el valle está salpicado de fuego y oro en
forma de flores.” Con esta introducción poética, pasó después a señalar
que “cuando la mente se abre y revela les leyes que atraviesan el
universo y hace a las cosas ser lo que son, el mundo entonces se encoge
hasta ser una ilustración, una fábula de su mente. ¿Qué soy? ¿Qué es? Se pregunta el espíritu humano
con curiosidad renovada, nunca apagada.” ¿Ya no viven esto los odontólogos argentinos, los
graduados de prestigiosas universidades nacionales y privadas? La magra
producción que publican las escasas páginas trimestrales, semestrales o
anuales de las escasísimas revistas nacionales no es ni una muestra de la
infinidad de trabajos brasileños con que uno tropieza afortunadamente por
todo el planeta. La oscuridad
parece reinar en este mundo nuestro donde la curiosidad está apagada y
carente de renovación. Ya ni siquiera cumplen la ley de la carrera docente:
“publica o perece.” Aun cuando fuera válido aquello de “el menor
tinte de vanidad, el menor intento de causar buena impresión, de
presentar un aspecto favorable, vician instantáneamente el efecto” de
haber contribuido al bienestar de la humanidad. “La vida deviene cómica o lastimosa tan pronto como
los fines elevados de la existencia se desvanecen de la vista y el hombre,
corto de vista, se ocupa sólo de lo que se dirige a sus sentidos.” Están
tan ocupados en ganarse la vida que se pierden la vida. Tan preocupados
por el pan y la manteca (o la champaña y el caviar) que pierden el alma. ¿Dónde están aquellos investigadores que nos dieron
renombre universal? Los maestros, ¿qué se hicieron? La preservación de
la salud, ¿qué se hizo frente al implante omnipresente? ¿Por qué
nuestros hermanos brasileños publican cada vez más? Con muy pocos
fondos, a veces con lápiz y papel, se obtuvieron algunos de los mayores
logros del Hombre. “Busco al nuevo Maestro, al que perseguirá las leyes refulgentes, el que las verá cerrar el círculo, el que las verá rodeadas de gracia, el que verá el mundo en el espejo del alma, el que verá identificada la ley de la gravedad con la pureza del alma, el que nos demostrará que lo que se ha de hacer, el Deber, es una sola cosa con la Ciencia, con la Belleza y con la Alegría.”
Dr. Horacio Martínez
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