Proyanqui

 

Soy tan proyanqui como cualquiera de los norteamericanos auténticos que salen a manifestar en contra de la guerra en Irak. Más de una vez miro al Norte para orientarme en mi actuación odontológica y en varios otros aspectos. Pero no los creo superiores a los habitantes de ninguna otra nación. A veces, son demasiado iguales.

Kim Seifert, una madre de Harrisonburg, Virginia, comentó que en su condado los únicos odontopediatras pertencen a la clínica condal y que están citando con cuatro meses de retraso. Como su hija presenta dos caries, decidió averiguar entre los dentistas de las áreas vecinas inscriptos en el plan de salud, pues prefería viakar y no que las caries se complicaran. Los colegas a los que llamó estaban dispuestos a atenderla, hasta que se enteraban que iban por el plan de salud y entonces decían tener la cuota cubierta por el momento. “¡Vaya que me hicieron sentir de segunda clase!”, dijo.

Y sí, señora, usted es de segunda. Los mercaderes globalizados se interesan por las rupias, los rublos, los dólares y los pesos, pero no por la salud de niños y adultos.

Como en verdad Kim no era de segunda, sino una mujer pensante y una buena madre, buscó hasta dar con un dentista que se comportó correctamente y quizá le abrió los ojos a la verdad. Ofreció a esta ansiosa madre atender ya a la hija por honorarios reducidos y ayudarla a encontrar la manera de solventarlo (ADANews).

No hizo un buen negocio para el bolsillo. Hizo un buen negocio para el alma, para ganarse un lugar en el Paraíso (el de cualquier religión auténtica) y una pequeña salvó sus dientes y su salud general.

                                        Dr. Horacio Martínez

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