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“Philip gritó por repugnancia personal y con dolor. [...] ¡Un
dentista! ¡Un dentista de Monteriano! ¡Un dentista del país mágico! ¡Dientes
postizos, gas hilarante y sillón reclinable en la tierra que conoció la
Liga Etrusca y la Pax Romana, y hasta a Alarico y la Condesa Matilda, la
Edad Media, la guerra y la santidad, y el Renacimiento, la guerra y la
belleza!”
“Su propia posición social no estaba clara. Aun en Inglaterra,
un dentista es un ser difícil de ubicar socialmente. Está entre las
profesiones y los oficios; puede ser considerado apenas inferior a los médicos,
o ubicarse con los farmacéuticos, o aun más abajo. El hijo del dentista
sentía lo mismo.” Y
James Joyce, no siempre tan difícil para los no iniciados, hizo esta
sumamente minuciosa descripción (Stephen Heroe): “Se estaba escarbando los dientes con un fósforo, muy deliberada y escrupulosamente, deteniéndose ocasionalmente para insertar la lengua con cuidado en algún hueco antes de continuar con el proceso de escarbado. Escupió lo que había desalojado.”
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