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Cirujano dentista, esto es lo tuyo… “Gran
ironía ésta, por cierto, que quien se había ganado el desprecio de la
gente “bien pensante” por todas partes … por su uso público sin
vueltas promiscuo de las palabras más denigrantes contra los negros,
contrajera cáncer en esa parte de la anatomía tan simbólica [la boca]
… ése que había llamado “dago” al alcalde La Guardia y que
se había dirigido de manera despectiva a un congresista judío, sufriendo
un maduro carcinoma que pronto acallaría esa mandíbula insolente y esa
lengua maligna…” Así se expresó Styron, William, en Sophie’s
Choice(La elección de Sofía), y es una buena introducción a lo
nuestro.
Nuestras
funciones fueron definidas así, hace cuatro siglos, en relación con los
dientes: “1. conservarlos; 2. mantenerlos blancos; 3. extraerlos con el
menor dolor posible; 4. detener y calmar su dolor; 5. Incorporar
artificiales donde se hayan perdido los naturales; 6. por último, muy
primordial, restaurar los dientes con el tiempo. […] ¿Y por qué no
habrán de contarlos niños con algún enjuagatorio de algo que haga
mejores sus dientes y más fuertes.” (Francis
Bacon (1561-1626): Sylva
Sylvarum. El
Caballero de la Tenaza, como alguna vez llamaron a D. Francisco de
Quevedo, aunque no era dentista ni lo quería ser, escribió un párrafo
para colgar del dintel de los mercaderes de la salud: “En tanto vinieron
unos demonios con unas cadenas de muelas y dientes, haciendo bragueros, y
en esto conocí que eran sacamuelas, el
oficio más maldito del mundo, pues no sirven sino para despoblar
bocas y adelantar la vejez. Estos, con las muelas ajenas y no ver diente
que no quieran ver antes en su collar que en las quijadas, desconfían a
las gentes de Santa Polonia, levantan testimonios a las encías y
desempiedran las bocas. No he tenido peor trato que tuve en ver sus
gatillos andar tras los dientes ajenos como si fueran ratones, y pedir
dinero para sacar una muela, como si la pusieran.”
H.
M.
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