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INFORME
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ÍNDICE DEL DOCUMENTO COMPLETO -
EL PROYECTO DE AYUDA HUMANITARIA |
DIOCESIS DE AVELLANEDA
Cercana a la Capital Federal, la diócesis de Avellaneda agrupa a los principales municipios de la zona sur del Cono Urbano. Tradicionalmente la zona era una de las cabeceras productivas en la industria de la carne, la curtiembre y sus derivados. Hoy muchas de sus fabricas se encuentran cerradas y con un alto grado de desocupación en su población.
En la diócesis se sostienen distintos programas destinados a promover algunas salidas laborales alternativas. También funcionan comedores y dispensarios parroquiales.
El programa de Ayuda Humanitaria es una experiencia nueva para esta diócesis. De algún modo los ha estimulado a una acción más coordinada con las Caritas parroquiales, y a pensar una futura red para los dispensarios que en ellas funcionan.
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Recepción de las personas que concurren a solicitar la medicación
Los pacientes llegan de distintos lugares hasta la sede diocesana. Algunos se enteran en sus parroquias, otros en los mismos centros de salud donde son atendidos.
Un Estado ausente y el desafió de no perder la identidad:
Diego Pérez Ríos, es el responsable del programa en el ámbito diocesano. Al comienzo del mismo tuvo que superar una enorme demanda causada por un sistema de salud quebrado. En el hospital zonal, ubicado apenas a seis cuadras de la Caritas diocesana, se habían enterado de la existencia del programa, antes de que comenzara a funcionar. El primer día recibieron a 100 pacientes derivados en su mayoría del hospital y de acción social del municipio. Se planteó entonces un tiempo de discernimiento sobre los recursos existentes y la necesidad de dejar en claro que Caritas no podía convertirse en el botiquín a la mano, de quienes debían ocuparse en forma prioritaria de la salud de la población. El programa no puede suplir lo que el Estado debe hacer. Tuvieron entonces que buscar nuevos instrumentos para recibir el pedido de medicamentos. Decidieron que a la documentación ya solicitada por el programa se agregara una carta del párroco que diera de alguna manera cuenta de la situación de la persona.
Desde que se inició el programa han pasado alrededor de 1000 personas por la Caritas diocesana. Para el suministro de los medicamentos se llegó a un acuerdo verbal con dos importantes farmacias de zona. Con sus responsables se mantiene una comunicación constante, recibiendo muchas veces consejos y recomendaciones de los mismos farmacéuticos.
Las facturaciones quincenales rondan los 2000$ cada una. Esto da cuenta de la gran agilidad que adquirió el programa. Mucho de esto se ha logrado gracias a una organización clara y transparente.
Por ahora no se han realizado operaciones en la diócesis aunque hay un compromiso sobre dos casos. Uno se trata de un botón gastroctómico y una operación de columna. En ambos casos la cifra supera lo aprobado por el programa, pero juntamente con Caritas Nacional se logró llegar a una posible solución. Los pacientes deben conseguir la diferencia entre el monto máximo contemplado y el costo total de la operación.
Dentro de la sede hay tres voluntarias trabajando para el programa. Una de ellas, Margarita trabaja también en la oficina de empleo, pero debido a la gran demanda de las 40 personas que aproximadamente llegan a diario, ella se ofrece a atenderlos. Es la encargada de revisar la receta que traen y charlar un poquito sobre lo que les pasa. Luego les indica que cosas deben acompañarla: su nombre y apellido escrito por el médico, el número de documento, la droga y dosis que se debe recibir y por último la carta del párroco de su lugar en la que se cuente un poco su caso.
Algunas personas tienen que volver otro día, otros ya tienen todo listo y tanto Margarita como ellos sonríen. Saben que en pocos minutos probablemente tengan el medicamento que necesitan.
Cuando todos los papeles están en orden los recibe Estela. Allí está con una sonrisa constante. Habla bajito y suave, como la mayoría de la gente que llega hasta allí.
![]() Estela, una de las voluntarias autorizando recetas |
![]() Dibujos con los que la gente agradece la ayuda |
Ella los escucha, la gente necesita contarle todo lo que pasó hasta llegar a Caritas. Si está todo en orden se sella la receta con una autorización que les posibilita ir a la farmacia indicada y que allí se le dé el medicamento. Muchos vuelven a hablar con Estela. Ya no con una receta en la mano, sino con un dibujo, un dulce o algo hecho con las propias manos. Una manera de dar gracias, y de alguna forma reconstruir la cadena recíproca del dar y el recibir.
En el lugar se atiende tres días a la semana. Los medicamentos más solicitados son para el asma y la hipertensión. Algunos casos son compartidos con mayor intensidad:
¨ Recuerdo a un señor de setenta y pico de años que cuidaba a su hijo con esclerosis múltiple. Venía de que lo pasearan en distintas oficinas públicas sin darle una respuesta. Tenía que recibir un tratamiento especial durante cuatro meses, el medicamento era muy caro. Nadie le había dicho cuanto. Llamamos a la farmacia y se nos informó que la cifra era de 10.000 $. Era totalmente superador de lo que podía cubrirse con el programa. Rápido llamamos a Sofía, en Caritas Nacional y juntos tuvimos que tomar la decisión de decirle que no – cuenta con pena Diego- pero teníamos que dejar de pasearlo con falsas expectativas. Por suerte logramos conectarlo con una fundación que presenta recursos de amparo ante la justicia para resolver estos casos. Fue un dolor moral grande ese no, pero por otra parte un gran gesto de honestidad hacia ese hombre ¨
¨ Mucha gente mayor siente vergüenza de pedir. Ellos estuvieron bien y ahora tienen que salir a pedir. Recuerdo una señora de 92 años que cuida a su hija de 60 que a raíz de una accidente en un colectivo, sufre de ataques de pánico. Vino a pedir un medicamento para ella, tan viejita, y tan fuerte a la vez... La hija nos escribe cartas. Dice que si le gana el juicio al colectivo lo va a donar a Caritas, - la gente es buenísima- dice emocionada Estela.¨
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Marina tiene alrededor de cincuenta años. Trabajaba como mucama, pero hace un año murió la patrona y no tiene trabajo. Cuida y mantiene a dos hijos que estén por terminar el secundario. Ellos tampoco trabajan. Reciben la ayuda de un plan Jefas y Jefes de familia. Con esos 120 $ pagan algunos servicios y se compran alguna zapatilla. Marina trabaja dando la leche en la parroquia. Desde allí la enviaron a conseguir el remedio para su hipertensión. Ya tuvo un ataque que estuvo a punto de dejarla paralítica. Siente con miedo que la situación está empujando a muchos jóvenes de su barrio a la delincuencia. Ella dice- cuando uno tiene hambre es capaz de hacer cualquier cosa. Yo tengo miedo por mis hijos. Siempre les digo que si no tenemos para comer yo voy a pedir a la Iglesia, pero que nunca se les ocurra robar. Nunca pensé que iba a estar así. Hay días que no comemos más que un poco de mate cocido. Yo trabajo desde los nueve años. Cuando mi nena tenía tres mi esposo me abandonó y tuve que pelearla sola y a pesar de estar enferma del corazón. Nunca dejé de trabajar, pero ahora no hay nada de trabajo¨
También espera allí Segundo, jubilado. Vive con su hija y sus tres nietos. Su hija trabaja un par de horas para una empresa de limpieza, cerca de su casa. Segundo recibe una jubilación de 150 $. Todo va para la comida de sus nietos. Es voluntarioso, varias veces ha levantado el bulto de donaciones que llegaban a Caritas, mientras el esperaba a ser atendido
¨Es una forma de dar algo, si uno recibe tanto. Yo valoro mucho a toda la gente que trabaja acá, ellos no son como los políticos, ellos sufren con nuestro dolor, por eso nos entienden. Ellos están metidos en nuestros problemas¨
Segundo está esperando un remedio para su próstata, no entiende mucho que es lo que tiene, pero el cura del lugar le dijo que tiene que cuidarse. Por él llegó hasta la Caritas diocesana. Todos los días reza por cada uno de los que trabajan allí.
Bien lo sabe Estela, que vive con sus dos hijos y que hace poco perdió a su papá. A veces piensa en dejar el voluntariado para conseguir más horas de trabajo y mantener mejor a su familia. Pero es mujer de corazón grande y sabe que aunque está a veces tan apremiada como la gente a la que atiende, Dios no ha dejado de asistirla. Aquí, en Avellaneda, no descubrimos donantes y beneficiarios, sino hermanos, compartiendo los mismos dolores y construyendo la misma esperanza.
ÍNDICE DEL DOCUMENTO COMPLETO
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EL PROYECTO DE AYUDA HUMANITARIA
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DIÓCESIS
MERLO - MORENO
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ARQUIDIÓCESIS
DE BUENOS AIRES
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DIÓCESIS
DE AVELLANEDA
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DIÓCESIS
DE PARANÁ <= CONTINUAR AQUÍ
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A
MODO DE CONCLUSIÓN