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"Apenas nos habiamos
sentado cuando se hizo la noche, no una noche sin luna de un dia nuboso,
sino la que se tiene en un lugar cerrado con todas las luces apagadas. Se
escuchaban gemidos de mujeres, llantos de niños, gritos de hombres;
los unos buscaban la voz de su padre y su madre, otros a sus hijos, otros
a sus esposas tratando de reconocerlos por la voz. Algunos deploraban su
propia desgracia, otros la de los suyos; los habia que, por temor a la muerte,
llamaban a la muerte, muchos tendian sus manos hacia los dioses, mas de
uno explicaba que en ningun lado estaban ya los dioses, que esa noche eterna
era la ultima del mundo" Plinio el Joven, Roma, 79 DC |
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"Reaparecio una debil claridad; nos parecia
no la luz del dia, sino la señal de que el fuego se aproximaba.
El fuego por lo menos no avanzo mucho; nuevamente se acercaron las tinieblas,
nuevamente la ceniza abundante y pesada. Nos levantabamos de tanto en
tanto para sacurdirla, de otro modo nos hubieramos visto cubiertos y hasta
aplastados bajo su peso"
Plinio el Joven, Roma, 79 DC |
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