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14
de diciembre de 2002 Opinión: Se venció la marginación Por Eduardo J.
Cárdenas Para LA NACION
Muchos
seres humanos tienen una tendencia homosexual: se enamoran, mantienen
relaciones afectivas y sexuales y a menudo se comprometen hondamente en
un vínculo amoroso perdurable y recíproco con personas de
su mismo sexo.
.
Sin embargo, la sociedad casi siempre marginó la homosexualidad,
tratándola como un pecado, una enfermedad o discapacidad, cuando
no como un delito. Era el punto en que se juntaban ciencia, ética
y represión social. Ellas condenaban a quienes no estaban incluidos
en la categoría de los laboriosos. Las parejas gay formaban parte
de los parásitos sociales, que al no concebir eran inútiles
para propagar la especie.
.
Con el paso del tiempo los hijos no fueron tan necesarios y comenzó
a valorarse la pareja en sí misma. La pareja homosexual, entonces,
debía incorporarse al mundo de las cosas visibles y nombrables,
y lo fue.
.
En el campo del derecho algo tenía que suceder y está ocurriendo.
La ley es uno de los instrumentos más fuertes de la cultura. Lo
que está legislado existe y puede ser condenado o valorado; lo
que no está legislado no existe o sólo existe en la sombra.
.
La homosexualidad era antaño un delito. Hoy no lo es, pero las
parejas homosexuales no tienen todavía en nuestro país ningún
acogimiento legal. La marginalidad cultural fomenta un ocultamiento de
su tendencia y pone a la pareja en una marginalidad social. Las parejas
homosexuales buscan un reconocimiento "oficial". Lo pretenden
con razón porque, tal como lo decía el proyecto de ley,
ellas tienen las mismas características que los demás tipos
de familia: convivencia, solidaridad, afectividad, lazos emocionales,
apoyo moral recíproco, permanencia y estado público.
.
Ya hubo avanzadas en este sentido. Algunos fallos otorgaron al concubino
homosexual el derecho de recibir los beneficios de la obra social de su
pareja. Pero este criterio no se ha hecho extensivo a la pensión
y otros beneficios previsionales y también se denegó al
concubino homosexual continuar la locación prorrogada por ley e
iniciada por su pareja y se impidió al inmigrante traer al país
a su compañero del mismo sexo (tal como pueden hacerlo los cónyuges).
Y deja también sin solución el tema de la obligación
alimentaria entre los miembros de la pareja y el de la propiedad y liquidación
de los bienes adquiridos durante su convivencia.
.
Debido a nuestra organización constitucional, la ley aprobada no
podrá reglamentar aspectos reservados a los códigos y leyes
de fondo. Sólo la Nación puede legislar sobre la existencia
de una nueva institución familiar y sus consecuencias.
.
El artículo 1° de la ley (ver aparte) sólo otorga los
derechos que la Ciudad está facultada a otorgar. Más allá,
sería inconstitucional.
.
Pero establecidos estos límites la ley debe ser aplaudida, porque
por un lado brinda a las parejas homosexuales, por primera vez en nuestro
país, un reconocimiento legal de su identidad. Y porque a la vez
les hace extensivos beneficios y derechos que, aunque limitados, antes
no tenían. Se venció la marginación; se maduró.

14
de diciembre de 2002: Opinión Relaciones sin valor social Por Marina Camps
Para LA NACION
Ni
el Derecho, ni la sociedad, ni Dios mismo -para quienes creemos en El-
pueden privar al hombre, en nombre de ninguna ley, del ejercicio libre
de su sexualidad. Se trata de una dimensión íntima de la
persona humana que empapa todo su ser personal. Ante la sexualidad humana
el Derecho no tiene nada que decir, ni nada que saber. En sí misma
la vida sexual es privada, y sólo tendría que tener trascendencia
jurídica en tanto y en cuanto de ella se deriven consecuencias
para terceros.
.
Hay un ámbito reducido, pero de gran trascendencia social, donde
el ser varón o mujer tiene una íntima relevancia jurídica:
las relaciones familiares. La vida familiar es consecuencia directa de
una vida sexual determinada. La misma biología nos muestra que
la persona es un ser familiar. Todos hemos comenzado a existir como fruto
de la unión de un óvulo y un espermatozoide.
.
Además, el nacimiento de una nueva persona requiere, por la dignidad
que caracteriza a todo ser humano, un ámbito seguro, duradero,
estable que se haga cargo de todos los cuidados, desvelos, necesidades
que tiene todo ser humano hasta que adquiere la madurez. Los fundadores
de la familia son los futuros padres, un varón y una mujer, únicos
capaces de crear auténticas relaciones familiares. El valor de
la familia para la sociedad está radicado en esta realidad.
.
Sólo un varón y una mujer son capaces de crear auténticos
vínculos familiares. Todo otro tipo de relaciones sexuales, por
más estables que pretendan ser, carece de interés y valor
social. Cualquier otra relación sexual y afectiva que carezca de
la nota esencial de la heterosexualidad es naturalmente incapaz de fundar
lazos familiares propiamente como tales. Y por lo tanto son naturalmente
antijurídicas. Carecen de todo interés social, ya que no
trascienden del ámbito privado de una relación afectiva
que en sí misma puede poseer un valor único e inestimable,
pero jamás un valor jurídico ni social. La afectividad -o
el mismo amor- escapa naturalmente del ámbito de la ley. No la
necesita porque va más allá de la justicia. Sin embargo,
la familia, y todos sus miembros, sí la necesitan, y la sociedad
evidentemente necesita de la familia.
.
La libertad humana es lo que hace que cada hombre sea considerado una
persona de una dignidad única. Cada uno, acompañado de los
otros, es el verdadero forjador de su vida. Y, evidentemente, de su vida
sexual. Aquel varón que quiera comprometer su vida entera con aquella
mujer y formar una familia posee la libertad de hacerlo y el derecho de
recibir ayuda de la sociedad. Quienes deciden libremente comprometerse
afectivamente en relaciones incapaces de crear vínculos familiares
deben asumir esa decisión en toda su radicalidad. Y por lo tanto
asumir que esas relaciones tienen un interés únicamente
personal, que debe ser respetado, pero que carece de todo interés
social. No hay fundamento real -objetivo- alguno para que el Derecho se
preocupe de estas realidades en cuanto tales.

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