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CONSUMO
Se van del país y abren sus casas para vender todo
Cada
vez aparecen más avisos de gente que se muda y les pone precio
a sus muebles, electrodomésticos, libros y hasta los juguetes
de los chicos. Lo que hay que saber para comprar y vender sin sorpresas
en estas ferias americanas
Familia
que se va del país vende todo. Ropa. Electrodomésticos. Muebles. Cortinas.
Cuadros. Libros". El aviso, publicado en un diario, es contundente. Cada
vez son más las familias que abren las puertas de su casa y les ponen
precio a sus cosas. Y cada vez más gente se acerca a estas ferias americanas
o "ventas de garaje" con la intención de conseguir un lavarropas, un lote
de vajilla o sillones para renovar su casa. Además de los artículos para
el hogar, se venden ollas, juguetes y discos. Y se puede ahorrar hasta
un 70 por ciento.
Según el Servicio de Estadísticas Laborales (SEL), cerca de un millón
ochocientos mil argentinos tienen planes concretos para abandonar el país.
A la hora de armar las valijas, se enfrentan con un detalle: embarcar
sus petates en un container cuesta 500 dólares el metro cúbico, con impuestos
aduaneros incluidos.
Así es como se deciden a contratar el servicio de especialistas que organizan
las ventas. Con percheros, mesas de apoyo, tarjetitas con precios, ayudantes
y personal de seguridad, los vendedores se instalan en la casa y convierten
todo en billetes.
Algunos entregan un recibo a cambio de la mercadería. Los artefactos y
electrodomésticos se prueban, para evitar sorpresas. Si andan mal, no
se venden. Y la ropa se presenta limpia y planchada.
"A mi marido le salió una oportunidad en Washington, como director de
marketing. Y nos vamos. La empresa donde trabajaba antes quebró y a mí
también se me cerraron las puertas. Nos llevamos sólo lo imprescindible
y muy poca plata. Allá nos conviene alquilar algo amueblado y equipado",
dice Laura Ulitsky, una bióloga y docente, que al principio dudó en exponer
tanta intimidad. "Las cosas tienen mucho valor afectivo, pero si me ponía
a pensar no podía seguir adelante. Yo hice todo a medida y a mi gusto
personal. Di muchas vueltas con los muebles de los chicos. Les puse mucho
afecto. Me costó mucho explicarle a la nena (tiene 3 años) que tenía que
darle su triciclo a una señora. El afecto no tiene precio", cuenta.
El caso de Amelia es similar. A los 73 años tomó coraje y con apenas dos
valijas se va a vivir a España. Amelia es modista, se dedica a la alta
costura, pero "mis clientas ni siquiera tienen fiestas. No coso un vestido
hace tiempo", se lamenta. En su departamento de la calle Arenales, los
percheros están ordenados por prendas: sacones y tapados de marca por
$ 60, pantalones de vestir a $ 18, jeans por $ 3 y lencería por $ 7. En
la cocina queda una cacerola de teflón por $ 6, un juego completo de platos
y tazas por $ 35 y una heladera con freezer por $ 250.
En el dormitorio —que funciona como un probador improvisado—,
la cama de hierro y ratán, con colchón, tiene un cartelito de "vendido".
"Es justo lo que estaba buscando. Me mudo y necesitaba una cama como ésta",
dice Ana Cardoso Graña, una secretaria de 26 años que desembolsó $ 200
y espera su flete para llevarla.
Angélica Coglitore, que hace 38 años se dedica a estas ventas, estipula
los precios de los artículos junto con los dueños. Asegura que "se puede
ahorrar hasta un 50 por ciento en muebles y electrodomésticos y un 70
por ciento en ropa. Y vale pelear el precio. Aquí lo que importa es vender".
Ana Viner, otra organizadora, destaca que antes la gente se mudaba y "regalaba
todo. Ahora, si puede vender un libro por un peso no lo duda. Todo suma".
Con dos empleadas y su marido a cargo de la caja, Viner decide bajar la
cortina a las 17.30 de un sábado soleado. "No quedó casi nada", dice el
dueño de casa, un comerciante de sillones y telas que se muda a un departamento
más chico.
"Es un alivio sacarse cosas de encima, porque cumplen su ciclo, y esta
venta fue una alternativa interesante para lograrlo". Hugo Rosenthal se
deshizo del comedor, los cuadros, buena parte de su vajilla y la mesa
de la computadora. Si bien no quiso conocer a los nuevos dueños de sus
viejas cosas, está contento con los resultados. Casa nueva, vida nueva.
Y beneficio mutuo para el comprador y el vendedor.
10
PyR
1.
¿Qué se consigue en estas ferias americanas? De
todo. Electrodomésticos, muebles, vajilla, cubiertos, cristalería,
manteles, libros, discos, ropa, juguetes, toallas, alfombras, sábanas,
cortinas, adornos, lámparas y macetas, entre otras cosas. Todos
los artículos son usados.
2.
¿Cuánto se puede ahorrar? En
muebles y electrodomésticos hasta un 50%, con relación a
los artículos nuevos. Y en ropa, hasta un 70%. Si el cliente compra
varias cosas puede pedir un descuento.
3.
¿Los artefactos tienen garantía? No, salvo que estén
aún vigentes y el dueño las haya conservado. Los electrodomésticos,
computadoras y equipos electrónicos están previamente revisados
y, además, se pueden probar y testear en el momento.
4.
¿Cómo se realiza el pago? En efectivo. Se aceptan
patacones y, en algunos casos, cheques personales.
5.
¿Entregan factura? No. La modalidad de "feria americana"
no suele trabajar con facturas. Algunos ofrecen un recibo.
6.
¿En qué zonas se realizan las ventas? La mayoría,
en Belgrano, Belgrano R, Palermo y Barrio Norte. También en San
Isidro, Olivos, Vicente López y en otros barrios de la Capital
Federal.
7.
¿Dónde se puede encontrar la información de las ferias?
En los avisos clasificados de los diarios (rubro Ferias Americanas). Se
publican los jueves, viernes, sábados y domingos.
8.
¿Existen otras formas de averiguar dónde se hacen las ferias?
Llamando directamente a los organizadores. Ana Viner (4799-3432, anaviner@ciudad.com.ar),
Angélica Coglitore (4957-5073) y Elisa Debesa (edebesa@fibertel.com.ar).
9.
¿Se pueden hacer cambios? No es común. Las familias
suelen mudarse pronto cambian el efectivo a dólares
y al tratarse de objetos usados los organizadores se fijan previamente
que estén en buenas condiciones.
10.
¿Cómo es el traslado de los muebles?El flete corre
por cuenta del cliente.
Clarin,
19 de agosto de 2002
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