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Por
el Dr. Ernesto Eduardo González (*)
Nada
está asegurado, ni siquiera lo peor Edgar Morin
El punto de partida de esta nota es que bajo el común denominador
de la incertidumbre podemos analizar muchos de los cambios que se han
producido en nuestra sociedad Argentina reciente, a partir de lo que podríamos
llamar la prisión de la economía, y más
precisamente, a partir del momento en que se empieza a producir el encarcelamiento
desde los bancos y el famosísimo corralito.
Con esa medida se viene abajo el modelo de desarrollo de la convertibilidad.
En América Latina, a partir de la crisis de la deuda externa, quiebra
espectacularmente el modelo de industrialización sustitutiva de
importaciones. Pero en general, en todo el mundo se viene abajo, o por
lo menos afronta crecientes dificultades, el modelo basado en las políticas
de corte keynesiano, y en la prioridad del mercado interno, desde el momento
en que los mercados de capitales, y el famoso FMI comienzan a imponer
a cada uno de los gobiernos nacionales la necesidad de controlar el déficit,
la inflación y la deuda, para evitar que esos desequilibrios provoquen
movimientos de capital capaces de desestabilizar radicalmente la economía
de un día para otro. Argentina pese a su intento de déficit
cero y por la pésima administración De La Rúa,
está en una situación grave, crítica: Argentina acorralada.
Hoy, la quiebra del modelo económico de convertibilidad supone,
por una parte, la aparición de nuevas reglas de juego en la economía,
que deben ser aceptadas independientemente de los graves inconvenientes
que puedan tener para Argentina, y que esa quiebra conlleva, por otra
parte, un aspecto ideológico, que es hoy el principal marco del
pensamiento económico a definir por el Gobierno Nacional. El Gobierno
del Dr. Duhalde que ha asumido en el peor momento de la historia argentina,
con enorme valentía.
Y con una sociedad argentina muy sensible, muy golpeada tras dos años
delarruístas.
A las reglas de juego que imponen los mercados de capitales se les adjudica
un grado de pensamiento único, lo que no equivale a pensar que
sean inmutables, sino que imponen condicionamientos objetivos a los que
no pueden escapar los gobiernos mientras la economía no alcance
otro marco institucional. La quiebra del modelo tradicional significa
una fuerte incertidumbre para todos los actores. Ni los actores económicos,
trabajadores y sindicatos, consumidores, inversores y empresarios, ni
los actores políticos, cuando se mueven en el terreno económico,
pueden seguir ajustándose ya a sus estrategias tradicionales, las
que hasta ese momento habían mantenido. Peor aún, no saben
qué estrategias pueden adoptar, no conocen todavía las consecuencias
de las nuevas reglas de juego y, por lo tanto, ignoran cómo comportarse
para defender sus intereses dentro de ellas.
Lógicamente esa incertidumbre en el plano económico afecta
a los ciudadanos individuales, que no saben lo que pueden esperar en lo
que se refiere a sus ingresos, ni a sus puestos de trabajo, ni siquiera
a la evolución global de la Economía Destrozada Argentina
en el plazo inmediato. Y surge el Cacerolazo: que derrumba
gobiernos. De hecho, gran parte de los males que padecen los argentinos,
provienen de que tras un momento, a comienzos de esta última década,
en el que se había tenido la ilusión de haber llegado a
una etapa de crecimiento estable o de recuperación, y de que se
iba a poder ganar o recuperar lo perdido, se produjo de nuevo una recesión,
un derrumbe, una fuerte crisis financiera, que supone una vuelta atrás,
un retroceso de la situación económica y una mayor incertidumbre
social. Que es hoy la mayor crisis que se ha vivido en Argentina. La parafernalia
de la improvisación: Blindaje económico, Déficit
Cero, Megacanje, etc, han agotado la confianza de los ciudadanos. La incertidumbre
económica se traduce en que los ciudadanos no saben cómo
planear su vida futura, qué será de ellos, de sus hijos,
de sus proyectos, y en general del contexto familiar y de relaciones en
el que se mueven. Muchos emigran. Así asume Eduardo Duhalde, en
medio de este clima, para intentar cambiar un destino oscuro, difícil.
Esa incertidumbre económica, vivida personalmente por los ciudadanos,
se traduce en incertidumbre política. Los argentinos se identificaban
con las diferentes opciones políticas en la medida en que sabían
lo que podían esperar de ellas. Hoy los argentinos han sido defraudados
por sus representantes políticos.Es malo generalizar,
pero hay demasiados ejemplos. Son los argentinos que han padecido a De
La Rúa y son los argentinos que ven por los medios de comunicación
las críticas de un ex presidente, desde el exterior, disfrutando
de otra situación, de un aparente lujo casi desvergonzado, mientras
millones están por debajo de la línea del NBI......mientras
vamos en un tobogán de descenso dejando atrás una vida digna.
La identificación política ha sido un vínculo implícito
de representación entre el ciudadano y un actor político.
Los partidos políticos tienen un origen histórico y una
trayectoria determinada, a partir de lo que podemos entender como un mito
fundacional, que definen su ideología y permiten prever sus estrategias
y sus respuestas frente a los dilemas sociales y económicos. Para
el ciudadano el voto por un determinado partido, el apoyo a un determinado
partido se basa en que la identidad de éste le permite prever lo
que este partido hará en el gobierno, o qué intereses defenderá,
y cómo, desde la oposición. Esto no ha ocurrido y entonces
el desprestigio político es enorme.
Desde la crisis de los ochenta las estrategias y modos de actuación
tradicionales de los actores políticos han dejado de funcionar;
por lo tanto muchos de los actores políticos no son ya confiables,
en el sentido de que, si continúan en sus estrategias tradicionales,
no pueden ofrecer los resultados que anteriormente ofrecían; y
si, por el contrario, las cambian, van a ofrecer un resultado diferente
al que el ciudadano esperaba de ellos al votarles o al apoyarles. El no
saber lo que se puede esperar de los actores políticos se traduce
en incertidumbre política: el ciudadano no sabe en quién
puede confiar para defender sus derechos. Los argentinos confiaron en
De La Rúa y fue un fraude, una mentira. Quién había
prometido ser el empleador de todos los argentinos logró la más
alta tasa de desempleo de la historia, quién iba a ser el adalid
de la justicia y la seguridad, huyó en helicóptero de la
Casa Rosada, y dejó tras de sí alrededor de 30 muertos en
una refriega histórica, de la cual nadie se ha hecho cargo. Esta
incertidumbre política abre posibilidades: El argentino que no
puede ya confiar en un cálculo racional sobre lo que hará
un partido si se le apoya, puede optar por un líder antes que un
partido, que normalmente tiene mayor capacidad para conseguir esa confianza
de los ciudadanos en la medida en que aparece como ajeno o periférico
a la vida política tradicional y al sistema de partidos. Y esto
no es ninguna garantía. Es decir, que uno de los efectos de la
incertidumbre en lo que podríamos denominar el mercado político
sería que los ciudadanos estarían dispuestos a poner toda
su confianza, sin ninguna garantía previa, en líderes de
los que poco o nada se sabe, que carecen de trayectoria política,
o bien ésta es irrelevante para el cargo que pretenden ocupar,
y en cuyas manos se pone de hecho el destino individual y, muy a menudo,
el destino de toda la nación. Hartos de las caras de siempre, tal
como lo explican los formadores de opinión, son más de lo
mismo, y que pasan de ser funcionarios, diputados, senadores, etc, a aptos
para todo servicio, y donde cada vez más entendemos que gran
parte de nuestros impuestos se usan a discreción para mantener
una elite, una sociedad feudal, donde se turnan los distintos miembros
de algunas ya conocidas familias y sus allegados, que nos prestan muy
poca atención, y que llegados al poder, al cargo, imponen y disponen
a su capricho y sin la necesaria atención a sus votantes y partidarios.
Son representantes de sus propios intereses. Esto es lo que
quiere cambiar el Dr. Duhalde.
Quizás no todos, pero a la fecha y en Argentina, esta historia
se repite. Es una constante.
Este fenómeno, que tiene claros ejemplos en América Latina,
se da también en otros países, tienen bastante que ver con
ese mecanismo de delegación en un líder, que normalmente
posee un discurso populista, demagógico, acompañado de la
definición de un enemigo interior. Mientras, absorben, toman los
recursos públicos.
Quienes votan a esta opción, con este planteamiento que tiene graves
consecuencias políticas y sociales, ven tarde el error, aunque
lo que deseaban era contrarrestar la incertidumbre actual. Y así
toman el poder quienes, nos volverán a defraudar.
Una segunda posibilidad es que la incertidumbre en el mercado político
se traduzca en el confinamiento de la participación política
en movimientos de objetivo único o de ámbito local. El ciudadano
que duda o es escéptico sobre los resultados esperables de su participación
política, (la actual política está en manos de minorías,
que expulsan a quienes desean participar, y hay muchos ejemplos de esto),
en el ámbito de la política nacional, puede optar por restringirse
a espacios en los que le sea posible prever razonablemente el efecto de
su actuación, de su participación, por la cercanía
del ámbito de decisión o por la limitación del objetivo
que se propone. Seguramente no es casual el que paralelamente a la erosión
de las identidades políticas tradicionales haya crecido la participación
en movimientos sociales o asociaciones de objetivo único o de ámbito
local. El tercer sector.
Otra posibilidad, preocupante, es que en ausencia de previsión
sobre lo que puedan hacer los partidos políticos, y ante el verosímil
agotamiento o desgaste de las figuras carismáticas o caudillos,
como alternativas a los partidos políticos tradicionales, se imponga
una tendencia a la disminución de la participación política
global. Es decir, que se podría producir simplemente una situación
de amplia apatía política, con la autoexclusión de
la esfera de lo público de un gran número de ciudadanos.
Asqueados y defraudados. En una situación de incertidumbre, los
que poseen menores recursos comunicativos, informativos y materiales,
serán quienes primero se excluyan de la vida política, renunciando
a una participación cuyos resultados no compensan el esfuerzo en
tiempo y esfuerzo que se exigen.
Esta posibilidad de la autoexclusión de la vida política
es el mayor riesgo, sobre todo en nuestro país, porque puede significar
que la agenda política se decida únicamente en función
de los intereses de dos tercios o la mitad de la población, de
quienes mayor acceso a la información y a los recursos poseen.
Y esto no ocurre por que sí. Parece planificado. Es decir, que
la agenda política se restrinja por falta de participación
de los sectores de menor renta, educación y capacidad informativa,
la mayoría, y se reduzca únicamente a los intereses de los
grupos comparativamente más privilegiados.
En síntesis: la incertidumbre política podría conducir
a la apatía política y la apatía política
podría conducir a que la agenda se restringiera al nivel impositivo,
olvidando los objetivos del gasto o del uso de los recursos fiscales por
parte de la colectividad. Que se discutiera sobre qué nivel de
impuestos y no sobre enseñanza, sobre salud, o sobre infraestructuras;
que en función únicamente del interés de los ciudadanos
de clase acomodada, se prescindiera así de los intereses globales
de la sociedad e incluso de lo que podrían ser los objetivos imprescindibles
para que un país se mantenga cohesionado como nación.
Para que brindar ciertos servicios sociales a la población de menores
recursos? Hay ejemplos, donde desaparecen Secretarías de Estado
para bajar gastos, por la Reforma del Estado,
y en realidad no interesa si sirven, si es una acción necesaria,
sino que parecería que está basado en ver a que universo
de población favorece, (y si es hacia la clase menos favorecida
para que gastar?), se las reduce a subsecretarías, dentro de Ministerios,
que tienen recortes presupuestarios importantes. Los quiebres también
llegan por lo económico, y para sectores, generalmente parecería
que a los menos favorecidos.
La incertidumbre procede, entonces, de la quiebra de un modelo económico
y ésta se produce como consecuencia de la desregulación
del mercado de capitales, desde finales de los años sesenta hasta
los ochenta, en un proceso relativamente largo y complejo, pero que por
sus muchos efectos podemos considerar en estos momentos ya completo. Habría
que preguntarse, al menos por curiosidad intelectual, por qué se
produce esa desregulación de los mercados de capitales, y en segundo
lugar habría que analizar sus consecuencias. En Argentina existen
alrededor de 16 millones de pobres, en una población de 36 millones.
Los pocos millones de la llamada clase media poco a poco están
pasando a engrosar la clase pobre y millones están pensando en
emigrar, para huir de esa situación, y de posibles conflictos graves
que se ven venir. Sobre los orígenes, se podría pensar que
la desregulación fue la consecuencia de un intento de mayor regulación
del mercado norteamericano de capitales en los años sesenta y setenta,
a partir de las grandes inversiones multinacionales norteamericanas. La
consecuencia de esto, fue una dinámica general de desregulación
competitiva de los mercados de capitales, donde la mayoría de los
países, tratando de incentivar la entrada de capitales, coincidieron
en una creciente desregulación. Y esto ha sido problemático
para todos, y muy especialmente para Argentina, pues la desregulación
completa del mercado de capitales significa la completa pérdida
de autonomía de los gobiernos nacionales a la hora de fijar sus
políticas macroeconómicas. Los mercados de capitales, en
la nueva situación, pueden sancionar con su desconfianza, y consiguientemente
con la salida de capitales, a cualquier país que se aparte de su
sistema, variable según los momentos y las coyunturas, sobre los
términos nominales aceptables de déficit, deuda e inflación.
Eso significa que ningún país puede salirse de los límites
de esa norma sin pagar el precio de una salida de capitales que destroza
su economía. Argentina llegó a ese límite, elevó
su riesgo país a las nubes y parece que ahora sus ciudadanos
deberán sufrir la condena, y ser el ejemplo para los demás
países de lo que no se debe hacer. Y esta condena
nos hará sufrir, pasaremos un temido infierno y desierto. Ojalá
no sea así. Pero desde el FMI aclararon que habrá sufrimiento......
Si queremos intentar encontrar soluciones estables a los problemas del
presente, Argentina debe replantear muchas incoherencias. Debemos ser
más serios, más coherentes. Ahí el reto, el desafío
del gobierno del Dr. Eduardo Duhalde.
Todos los argentinos somos conscientes de que en la economía real,
existen los costos que deben abonar todos los sectores, y no solamente
los perjudicados de siempre, para los que no parece existir justicia.
En suma, ofrecer un verdadero marco de confianza ante la incertidumbre.
Que hoy no existe. Con o sin corralito: No existe. Esta es la más
fuerte batalla que libra el Presidente Duhalde, ante el desastre de tantos
años, de tantas desilusiones.
Las nuevas reglas de juego de la economía han acentuado la incertidumbre
de todos los actores y han hecho crecientes e imprevisibles los cumplimientos
satisfactorios de las transacciones. Y que el aumento de la incertidumbre
tiene efectos negativos sobre el funcionamiento de la Economía
Argentina Real.
El ejemplo es la durísima retracción en el consumo de bienes
cuando los consumidores se ven afectados por una incertidumbre creciente
sobre su futuro laboral y su nivel de ingresos. Con una realidad de desempleo
que supera el 20%, con una pobreza en aumento, y con una economía
estancada, y sin circulante en la calle, ya no solo podemos hablar de
retracción, sino de posibilidad de conflictos. Así Argentina
tiende a mercados de consumo estancados y con recuperación débil,
además sumamente vulnerable a movimientos de capitales relativamente
imprevisibles. La consecuencia global es que la tendencia actual no es
de un crecimiento, sino una espiral de implosión, que puede extenderse
gradualmente, sin inversión, y además de fiebres especulativas
de doloroso incierto. Quién invertiría hoy en nuestro país?.
La Paradoja Argentina es ante ese pequeño universo de poder económico
y político argentino desprestigiado, la mayor desconfianza de los
ciudadanos de a pie no se disipa. El problema no es sólo
que la economía vaya mal, es que los ciudadanos no están
seguros, en vista de los sucesos últimos de diciembre y enero 2002,
de que no les vaya a ir peor en cualquier momento. Personas con empleo,
ingresos medios, son cada vez más renuentes a comprometerse en
compras o en operaciones de inversión a medio plazo, porque no
saben lo que puede suceder y porque temen que se mantenga esa situación
que podemos definir como mala en los próximos días o meses.
Esto sucede en Argentina, donde la Salud Mental Argentina está
en el diván analizando como salir de una encerrona, de créditos,
de inversiones en dólares, de pérdidas tras pérdidas,
que angustian y enferman. Ni hablar de inseguridad, violencia y muerte............Y
el temor general a perder el empleo.
Desde la década de los noventa, en función de ese marco
ideológico neoliberal, se ha dado por descontado que la principal
estrategia de desarrollo empresarial es la flexibilización de las
plantillas de sus recursos humanos, la posibilidad de reducirlas drásticamente
para adaptarse a mercados y coyunturas cambiantes. Una de las consecuencias
de las que, por cierto, algunos expertos en gestión empresarial
son crecientemente conscientes, es la pérdida de capital humano:
los trabajadores, o mejor dicho, las plantas empresariales, pierden el
saber implícito de los trabajadores que son despedidos para adaptarse
a las oscilaciones de la coyuntura, pero pierden también, y esto
puede ser más importante, la confianza de los trabajadores restantes
en la lealtad de la empresa hacia ellos. Hay tantos casos.... Se produce
así una estructura de incentivos plenamente negativa, un círculo
vicioso en el que las empresas no tienen razones para invertir en la formación
de los trabajadores y éstos no se esfuerzan en mejorar su formación,
los que poseen saber implícito no tienen razones para desarrollarlo
o ponerlo al servicio de la empresa, y muchas veces, en la pura búsqueda
de la reducción de plantilla, personas que son clave para la productividad
o la adaptación estratégica de la empresa se pierden en
aras de la reducción del costo salarial. Eso significa un riesgo
creciente no sólo de que los mercados se puedan estancar por insuficiencia
de la demanda, sino también de que, cuando se produzca algún
crecimiento de la demanda, las empresas no estén en condiciones
de adaptarse a él, porque se han descapitalizado en el plano humano,
porque los trabajadores no poseen los conocimientos ni la motivación
necesaria para satisfacer a un nuevo mercado o a unas nuevas demandas.
En lo público es lamentable lo que han logrado los dirigentes sobre
los empleados públicos, que no son culpables del desastre de algunos
funcionarios que avergüenzan, y que luego echan la culpa de sus gestiones
pésimas a los trabajadores estatales, es triste y hay ejemplos
no sólo bochornosos, sino además de dimisión del
Estado, que parecen cuentos de terror, con nombres y apellidos de dirigentes
famosos, políticos, etc. Merecería una publicación
especial. Cuantas empresas públicas se han vaciado, las han puesto
en un freezer, y han difundido durante bastante tiempo que daban pérdidas,
para luego privatizarlas, y que casualidad!!; hubo empresas que las compraron,
y que increíble: dieron ganancias.......Milagroso no?. Vigencia
de: La única verdad es la realidad....
El verdadero Déficit Cero: El déficit de Confianza:
Como nos ha enseñado Francis Fukuyama, la confianza es un capital
social: la confianza es necesaria para regular los intercambios políticos
y para mantener el tejido social, pero también para hacer funcionar
la economía. Ha habido cambios objetivos en Argentina que han disminuido
la confianza de los actores y de las personas individuales. Esa desconfianza
se traduce en un repliegue hacia mini universos para sobrevivir, perjudica
seriamente a la economía, a la sociedad y al asentamiento de la
democracia. Sólo hace falta recordar un poco de historia Argentina
de los dos últimos años. Y se ve reforzada esa tendencia
a la desconfianza por una ideología neoliberal que elogia al mercado
por encima de las instituciones, las reglas, los intercambios recíprocos
y, en suma, de la creación de relaciones de confianza entre las
personas y los actores, entendidos como Comunidad.
Dicho de otra forma: tenemos un problema de instituciones y reglas en
la economía global, pero tenemos, y quizás ante todo, un
problema inmediato de volver a poner en la agenda del díala
importancia de las relaciones de confianza, de la existencia de reglas
que pauten el intercambio social, de instituciones que devuelvan la confianza
a los actores y respalden la existencia de tales reglas, en la economía
y en todas las esferas de la existencia social. Luego de 5 presidentes
en tan poco tiempo, luego del corralito, luego de las colas en los bancos,
luego del dólar en alza, luego de ajustar y poner la mano en el
bolsillo a los jubilados y a los empleados públicos, de los que
menos tienen, luego de la fuga de capitales, luego de no tener
a nadie preso por este desastre, luego de no existir la reforma política
y sí la reforma administrativa contra los que menos tienen, hará
falta un esfuerzo enorme para reconstruir la confianza. Quizás
antes de lograr construir las nuevas instituciones económicas,
sociales y políticas que necesitamos, un primer paso sea defender,
en el plano de las ideas, la importancia de las reglas, las instituciones
y la confianza. La importancia, en política para empezar, de partidos
capaces de llegar a acuerdos, de crear relaciones de confianza entre ellos
en función de un objetivo democrático común, y de
crear confianza en los ciudadanos por presentar proyectos posibles y acordes
con sus hechos, partidos que hagan lo que nos dicen y digan lo que hacen.
Pero ésta es ya otra historia.
Por eso, si se quiere reconquistar la confianza se deberá urgentemente
recortar drásticamente el costo político; en todo el país,
y no un maquillaje. Que el presidente Duhalde lo haga. Seguramente
la mayoría lo acompañaremos. Sin dudas la gran mayoría
percibe las presiones de los distintos lobbys sobre el gobierno del Dr.
Duhalde, y su lucha contra los intereses que no son a favor de la felicidad
del Pueblo Argentino, como tironean y como intentan salvarse
sin importarles la mayoría.
Será el triunfo del Presidente Duhalde, y del Pueblo Argentino,
donde los argentinos podremos volver a reconsiderar la confianza perdida.-
(*)Ernesto Eduardo González es investigador social, docente universitario,
licenciado en demografía, doctor en sicología, magíster
en drogadicción
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